me doy cuenta de que soy bastante incauta a la hora de estar con alguien. Dejo que mis emociones se apoderen de mi. Es como si no tuviera fin, no puedo parar. Me hago ilusiones basada en la nada, y al poco tiempo entro en un remolino de decepción, del que, claro, el otro no tiene la culpa.
Sin embargo, a pesar de mi falta de cautela, o... cuidado sentimental, si se quiere, hago lo imposible para que mi corazón no se rompa. Contrariamente a lo que se pensaría, a mi corazón lo metí en el freezer. Soy tan incauta como miedosa, me subo a la montaña rusa pensando en que me voy a querer bajar... y, efectivamente, me quiero bajar. Me quiero bajar, porque no soportaría otra decepción tan grande. Me quiero bajar porque la última vez que jugué al amor me costó tanto recuperarme que perdió la gracia. Porque sé que la próxima va a ser más fuerte, y más larga, y más dura. Porque quiero el para siempre con moño color rosa, y no existe.
Y todos son uno más del montón. Otro pelotudo que no sirve ni de corneta.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario