martes, 23 de marzo de 2010

me doy cuenta de que soy bastante incauta a la hora de estar con alguien. Dejo que mis emociones se apoderen de mi. Es como si no tuviera fin, no puedo parar. Me hago ilusiones basada en la nada, y al poco tiempo entro en un remolino de decepción, del que, claro, el otro no tiene la culpa.
Sin embargo, a pesar de mi falta de cautela, o... cuidado sentimental, si se quiere, hago lo imposible para que mi corazón no se rompa. Contrariamente a lo que se pensaría, a mi corazón lo metí en el freezer. Soy tan incauta como miedosa, me subo a la montaña rusa pensando en que me voy a querer bajar... y, efectivamente, me quiero bajar. Me quiero bajar, porque no soportaría otra decepción tan grande. Me quiero bajar porque la última vez que jugué al amor me costó tanto recuperarme que perdió la gracia. Porque sé que la próxima va a ser más fuerte, y más larga, y más dura. Porque quiero el para siempre con moño color rosa, y no existe.
Y todos son uno más del montón. Otro pelotudo que no sirve ni de corneta.

lunes, 22 de marzo de 2010

malament

todavía me seguís crispando los nervios
pero lentamente, aunque últimamente con un poco más de celeridad, me empezás a chupar más y más un huevo. Ahora bien, será posible que para que pase esto me tengas que caer tan pero tan mal?

sábado, 13 de marzo de 2010

un juego macabro

Primero es un juego de poder. Estás ahí, color verde. No te hablo, no te hablo, no te hablo, no te hablo. No me hablás!! No te hablo, no me hablás. Y seguís ahí... ¿esperandome? Y no me hablás.

Cuando te hablo y te pregunto cómo estás empieza tu juego, que ya no es mío (en el mío indefectiblemente perdí). No sé por qué yo soy el depósito de tus quejas y malestares. No sé por qué siempre abrís con un "estoy mal". Nunca un "bien, aquí, tranqui". Ni una mentira, ni un intento de cubrir la situación. Siempre estás mal, siempre hay un problema. Y siempre mi respuesta es "¿Por qué? ¿Qué te pasa?". ¿Puede ser que siempre caiga en la misma trampa?

Y ahora entré en tu juego. Juego del que sos rey, y que te llena tu agenda de compromisos y al mismo tiempo te permite quedarte tirado en la cama regodeándote en tu culpa y tu autocompasión.
Me arruinaste el día. Vos y tu histeria y tu gataflorismo y tu depresión congénita. Andá a freir churros.