miércoles, 4 de noviembre de 2009

Para terapia:

Es la segunda vez que me pasa que cuando escribo en la computadora, en lugar de escribir los (l o s) escribo kis. Para agregar un poquito más de información les cuento que me pasó hablando con mi chico. Mmmmmm..... ¿MI chico? Por qué será que las mujeres, muy a pesar de que siempre odiamos sentirnos objetos, tendemos a agregar adjetivos posesivos a las personas? MIS amigas, MI chico, como si fueran objetos. Cuanta contradicción que puede haber en las cosas más simples y menos pensadas.
La teoría de las relaciones objetales de Melanie Klein, distingue distintos tipos de objetos:
- Bueno: carácter gratificador. Se proyectan las pulsiones libidinales del
sujeto.
- Malo: carácter frustrante. Se proyectan las pulsiones destructivas,
- Extraño: escindido, fragmentado. Está cargado de mucha hostilidad.
- Ideal: se le atribuyen todas las experiencias buenas, reales o
fantaseadas. Este objeto ideal se anhela poseer.
- Parcial: primero el pecho, luego el pene.
- Total: percepción del otro como persona.
Haciendo un mal uso de la teoría de M Klein, me doy cuenta no solo de la importancia del objeto sino además, que cada uno de éstos, tiene un nombre propio. Menos el objeto total, que tiene varios nombres.

En fin, volviendo a mi autoanálisis, KIS o KISS, porque a veces agregamos letras para transmitir el tono que le queremos dar a las palabras, me llevó directamente a pensar en Besos. Como quisiera un beso ahora mismo! Pero uno bien adolescente, de los que no te llevan a la cama….de esos que son sólo un beso. Y de los que son tan deseados que anuncian otro más. De esos que no necesitas aire, y que no te dejan penar en nada. Uno de verdad. Uno que de ganas de sonreír. El que está tan, pero taaaan, bueno que no te das cuenta que paso media hora, se te fueron 6 bondis y seguís ahí, parada con él disfrutando de ese beso. Que cuando querés acordar te estabas yendo porque tenias que ir a cursar y antes de terminar el beso ya se fueron todos de la facultad, se hizo de noche y vos seguís ahí, en el mismo lugar! Y en ese momento, te das cuenta que todo lo que querías era un engaño, que sería muchísimo mejor si estuvieras de nuevo en su casa y pudieras terminar ese beso en su cama. Otra vez las grandes contradicciones femeninas…

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